En los últimos meses circula una frase que se repite en noticieros, grupos de WhatsApp y reuniones de padres: «más de cinco millones de menores usan el celular a diario y cerca del 90 % no sabe cómo protegerse dentro de las plataformas». Casi siempre viene acompañada de la conclusión que muchos ya tenían: hay que sacar el celular del colegio.
Llevo más de veinte años enseñando matemáticas y tecnología en Colombia y he visto el celular como problema y como herramienta, a veces en la misma clase. Antes de opinar, fui a la fuente. Lo que encontré confirma la preocupación, pero no la conclusión. Mi tesis: restringir el uso recreativo del celular durante la jornada escolar tiene sentido; convertir esa restricción en una cruzada contra el dispositivo es un error. No se trata de prohibir, sino de enseñar. Y para enseñar con celulares hay que formar a los docentes, que es justo lo que casi nadie está financiando.
Primero, verifiquemos la cifra
La fuente es el Informe 143 del Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Pontificia Universidad Javeriana, «Uso de dispositivos digitales y los desafíos de una regulación efectiva en entornos escolares», del 13 de julio de 2026. Analiza microdatos de la Encuesta de Calidad de Vida 2025 del DANE (5 a 17 años), del formulario C600 de 2024 y de Saber 11 entre 2019 y 2025. El Tiempo y Portafolio lo reportaron a mediados de julio.
Las cifras exactas: de unos 10,9 millones de niños y jóvenes de 5 a 17 años, 8,6 millones usan internet, 7,5 millones (88 %) se conectan principalmente desde el celular y 4,9 millones (44 %) lo hacen todos los días. Solo el 13 % dice saber comprobar si una información es verdadera, el 11 % limitar la difusión de sus datos y el 9 % proteger sus dispositivos y cuentas; entre el 89 % y el 91 % responde que no sabe. Además, más del 60 % de los estudiantes de grado 11 pasa más de una hora diaria en internet fuera de lo académico.

Dos precisiones. La cifra que circula como «más de cinco millones usan el celular a diario» corresponde en realidad a 4,9 millones que se conectan a internet todos los días, desde cualquier dispositivo. Y las habilidades de seguridad son autorreportadas: miden lo que los niños creen saber. Aun así, el mensaje resiste el redondeo: casi todos están conectados por el celular y casi ninguno ha aprendido a cuidarse.
Un detalle que pocos titulares mencionaron: el propio informe pide distinguir entre el uso personal y el uso pedagógico supervisado, califica la restricción como «necesaria pero no suficiente» y recomienda graduarla por ciclo, garantizar conectividad antes de restringir y acompañarla de formación docente. El estudio que se usa para pedir prohibiciones también advierte sus límites.
El mito: «el celular es malo»
La preocupación tiene bases reales. En PISA 2022, el 65 % de los estudiantes de la OCDE dijo distraerse con dispositivos en al menos algunas clases de matemáticas, y quienes se distraían con los dispositivos de sus compañeros obtuvieron 15 puntos menos. El 45 % se siente ansioso si no tiene el teléfono cerca. El Informe GEM 2023 de la UNESCO, «La tecnología en la educación: ¿una herramienta en los términos de quién?», encontró evidencia de distracción en 14 países y recomendó admitir en el colegio solo la tecnología que tenga un papel claro en el aprendizaje.
El debate se volvió masivo con «La generación ansiosa» (2024), de Jonathan Haidt, que atribuye el aumento de la ansiedad adolescente al paso de una infancia basada en el juego a una basada en el teléfono y propone colegios sin celular, nada de smartphone antes de la secundaria y nada de redes antes de los 16. La psicóloga Candice Odgers le respondió en una reseña en Nature que la evidencia es sobre todo correlacional y no demuestra que las redes causen esa epidemia. Ambos tienen parte de razón: hay señales de daño y también la tentación de convertir una correlación en pánico.
Lo más útil del informe de la Javeriana es una distinción tomada de un estudio longitudinal en Corea del Sur (Han, 2022): usar el celular para aprender mejora el aprendizaje autónomo y no aumenta la adicción; usarlo para entretenerse hace lo contrario. El problema no es el aparato. Es el uso sin propósito, sin acompañamiento y sin límites.
La ola de prohibiciones
Según el seguimiento de la UNESCO, los países con prohibición nacional del celular en el colegio pasaron del 24 % en junio de 2023 al 40 % a inicios de 2025 y al 58 % en marzo de 2026: 114 sistemas educativos.

En el mundo. Francia lo prohíbe en primaria y collège desde 2018 y en 2025 exigió guardarlo al llegar; Países Bajos lo restringió desde 2024; Italia lo extendió a la media con la circular 3392 de 2025, con excepciones por discapacidad y para programas técnicos de informática; Portugal lo prohibió en los dos primeros ciclos y en España el Consejo Escolar del Estado acordó vetarlo en infantil y primaria. Corea del Sur tiene ley desde marzo de 2026, Inglaterra actualizó su guía oficial y unos dos tercios de los estados de EE. UU. tienen alguna restricción.
En América Latina. Brasil sancionó la Ley 15.100 en enero de 2025: prohíbe el celular en clase y recreos en toda la educación básica, pero permite el uso pedagógico guiado. Bolivia y Costa Rica se sumaron después. México publicó en septiembre de 2026 un acuerdo de la SEP que lo restringe en primaria y secundaria desde el 3 de noviembre, con excepciones pedagógicas. Buenos Aires propuso a las familias un compromiso voluntario para postergar el primer smartphone hasta la secundaria.
En Colombia. No hay ley nacional. Los proyectos 253 y 354 de 2024, acumulados en la Comisión Sexta de la Cámara, y el proyecto 542 de 2026, de la representante Olga Lucía Velásquez, no han completado su trámite. Un proyecto de 2018 pasó debates y terminó archivado. La regulación llega por otras vías:
- La Ley 2489 de 2025, sobre entornos digitales sanos y seguros, y su Decreto 0769 de 2026: los colegios deben actualizar el PEI y el manual de convivencia frente al ciberacoso y ofrecer talleres digitales a las familias; las plataformas, verificar la edad y proteger la privacidad desde el diseño.
- La Ley 1620 de 2013, que creó el sistema de convivencia escolar y ya incluye el ciberacoso en la ruta de atención.
- Bogotá presentó el 7 de septiembre de 2026 la resolución «(Re)conectarnos para aprender», construida con más de 98.000 personas: celulares guardados y fuera de la vista toda la jornada, incluidos los descansos; uso pedagógico desde octavo con una actividad guiada, y seis meses para ajustar los manuales. Ibagué aprobó una restricción para menores de 14 años en colegios públicos.
¿Qué pasó después de prohibir?
Aquí está el corazón del debate, y los resultados no apuntan todos en la misma dirección.

- Noruega. Según la revisión de la Javeriana, Sara Abrahamsson (2024) encontró que las niñas expuestas a la prohibición durante toda la secundaria ganaron 0,22 desviaciones estándar en matemáticas y redujeron casi 60 % sus consultas de salud mental; el acoso cayó entre 43 % y 46 %. En los niños no hubo efecto académico.
- Florida. Figlio y Özek hallaron que las suspensiones subieron 25 % al inicio y que, al segundo año, los puntajes mejoraron 1,1 percentiles, en parte porque bajaron las ausencias.
- Río de Janeiro. Lichand, Gentzkow y coautores midieron una mejora de 0,06 desviaciones estándar tras la prohibición municipal de 2023: la mejor evidencia latinoamericana disponible.
- Países Bajos. En una evaluación encargada por el gobierno, el 75 % de los colegios de secundaria reportó mejor concentración, el 59 % mejor ambiente social y el 28 % mejores resultados; es percepción, no medición.
- Inglaterra. El estudio SMART Schools (Goodyear y otros, 2025), con 1.227 estudiantes de 30 colegios, no encontró diferencias en bienestar, sueño ni rendimiento entre colegios restrictivos y permisivos.
- Estados Unidos. Baron y coautores, con datos de más de 41.000 colegios, hallaron un efecto en pruebas «consistentemente cercano a cero», aunque el uso en clase bajó de 61 % a 13 % según los docentes, reporta AP.
- Metaanálisis. Böttger y Zierer (2024) calcularon un efecto académico de d = 0,05, no significativo, y de 0,22 en bienestar social.
Mi lectura: restringir el uso recreativo mejora el clima escolar y reduce el acoso; en aprendizaje, el efecto es pequeño, desigual y depende de la implementación. Guardar el equipo funciona mejor que el «modo silencio», y aun así el 29 % de los estudiantes en colegios con prohibición admite seguir usándolo (OCDE, citada por la Javeriana). Böttger y Zierer lo dicen mejor: la meta de una restricción debería ser formar la alfabetización mediática que la vuelva innecesaria.
Por qué no basta con prohibir
Comparto restringir el uso recreativo, sobre todo en primaria. Lo que rechazo es la radicalización: creer que el colegio ideal es un búnker sin pantallas y que el problema termina en la portería. Cuatro razones:
1. El riesgo vive en la casa. El 92 % se conecta desde su hogar, donde ocurre la mayor parte del uso. Un colegio que solo guarda el celular protege seis horas y deja sin herramientas las otras dieciocho. Si el colegio no enseña a verificar, a cuidar los datos y a pedir ayuda, ¿quién lo va a hacer?
2. El celular es, para muchos, el único computador. Según el C600, el 43 % de los colegios públicos rurales y el 36 % de los oficiales no tienen conexión a internet. Y entre los niños y jóvenes, el uso diario de computadores y tabletas no supera el 7 % en ninguna categoría. El exviceministro Óscar Sánchez lo advirtió: los colegios privados que lo prohibieron tienen laboratorios y tabletas; buena parte del país no.
3. Son competencias para la vida laboral. El marco europeo DigComp 3.0 (noviembre de 2025) define 21 competencias en cinco áreas (información, comunicación, creación de contenido, seguridad y bienestar, y resolución de problemas), con la IA integrada en todas. La UNESCO publicó en 2024 un marco de competencias en IA para estudiantes. Según la UIT, en las Américas al menos el 95 % de los jóvenes de 15 a 24 años usa internet. Esas competencias no se aprenden con el dispositivo bajo llave todo el bachillerato, sino usándolo bien con alguien que enseñe.
4. La propia UNESCO lo reconoce. En 2026 advirtió que restringir no elimina la necesidad de enseñar a desenvolverse en entornos digitales, porque la escuela es uno de los pocos lugares donde los jóvenes pueden desarrollar alfabetización digital y pensamiento crítico.
Lo explico en clave laboral en La IA no te va a reemplazar. Quien la domine, sí: el riesgo no es la tecnología, sino quedar del lado de quienes no aprendieron a usarla con criterio.
Usos con propósito, grado a grado
«Usar el celular en clase» no significa «cada uno en su teléfono», sino una actividad con objetivo y tiempo acotado; el resto del tiempo, guardado. Así lo organizaría, en línea con la regla de Bogotá:
| Grados | Uso con propósito | Lo que se aprende |
|---|---|---|
| Transición a 5.° | Sin celular del estudiante. El docente usa un dispositivo para proyectar, leer códigos QR en una búsqueda del tesoro o grabar la lectura en voz alta del grupo | Que la tecnología sirve para algo concreto y tiene un momento |
| 6.° y 7.° | En equipos y con dispositivos del colegio cuando los haya: fotografiar plantas para una clave de identificación, medir distancias en un mapa, primeras lecciones de contraseñas y privacidad | Observación, registro de evidencias y cuidado de los datos |
| 8.° y 9.° | Recolectar datos con formularios en una encuesta del colegio, crear un pódcast de ciencias, programación por bloques, mapas del barrio con riesgos y recursos | Estadística con datos reales, comunicación y pensamiento computacional |
| 10.° y 11.° | Lectura lateral para verificar noticias, analizar datos en hoja de cálculo, usar IA con criterio y citarla, cuidar la identidad digital pensando en la vida laboral | Verificación, análisis, ética y autonomía |
Para primaria, el generador de códigos QR gratuito del sitio sirve para preparar estaciones de lectura o búsquedas del tesoro en minutos. Para los grados superiores, la descarga gratuita Excel con IA trae datos de ejemplo para practicar análisis con criterio. Si enseñas tecnología, el Kit de IA para docentes de Tecnología e Informática trae recetas probadas para una secuencia de ciudadanía digital (huella, privacidad, ciberacoso y datos personales), para dar clase con pocos equipos o sin internet y para una ruta de programación que va de lo desconectado a Python. En la reseña de Codexia hay ideas para introducir la programación con niños.
Seguridad digital: las tres lecciones que faltan
Los datos de la Javeriana son, en el fondo, un plan de estudios:
- Verificar antes de compartir. Buscar quién lo dice fuera de la página, comparar con dos fuentes y revisar la fecha, con noticias reales.
- Cuidar los datos personales. Configurar la privacidad, quitar la ubicación de las fotos y no publicar dirección, colegio ni rutinas.
- Proteger cuentas y dispositivos. Contraseñas largas y distintas, verificación en dos pasos, actualizaciones y bloqueo de pantalla.
A esas tres les sumo una cuarta: saber pedir ayuda. Cada estudiante debe conocer la ruta del colegio frente al ciberacoso y canales como Te Protejo. La estrategia En TIC Confío+ del MinTIC, que en sus primeros diez años llegó a más de 13 millones de personas, ofrece talleres gratuitos.
El elefante en el aula: la formación docente
Se habla mucho de los celulares y poco de quienes tienen que gestionarlos. Según el informe nacional de TALIS 2024 del Icfes, el 63 % de los docentes colombianos dice que su formación inicial lo preparó en herramientas digitales (el promedio de la OCDE es 42 %), y el 79 % recibió formación sobre recursos digitales en el último año. Pero el 72 % sigue pidiendo formación en habilidades pedagógicas para incorporarlos, el 78 % la pide en IA, el 70 % dice que la formación es demasiado costosa y el 55 % siente que su empleador no lo apoya. La nota del Icfes sobre IA añade que el 76 % considera que su colegio no tiene la infraestructura necesaria.
Lo que casi ningún curso enseña es cómo manejar 35 teléfonos en un salón sin convertir la clase en una persecución. El debate se ha concentrado en la regla y casi nada en la formación: Bogotá promete acompañamiento, pero aún no se conocen sus horas ni sus recursos. Pedimos al docente hacer cumplir una regla, enseñar con el dispositivo y atender el ciberacoso, sin darle tiempo ni herramientas. Estas estrategias funcionan y casi ninguna cuesta dinero:
- Parqueadero de celulares. Bolsillos numerados a la entrada del salón. Según el efecto de «drenaje cerebral» (Ward y otros, 2017), el teléfono fuera de la vista distrae menos que en el bolsillo.
- Señales de tres estados. Guardado, boca abajo sobre la mesa o en uso. Una tarjeta de color en el tablero evita discusiones.
- Uno por equipo. Un celular por cada tres estudiantes, con roles (registra, verifica, presenta). Distrae menos y no excluye a quien no tiene equipo.
- BYOD y MDM. Si se permite traer el equipo propio, que haya alternativa para quien no lo tiene y nunca la obligación de gastar datos personales; en tabletas del colegio, una herramienta de gestión de dispositivos (MDM) limita aplicaciones.
- Plan B sin conexión. Cada actividad con celular tiene una versión en papel.
- Evaluaciones íntegras. Celulares en el parqueadero y versiones distintas del examen. El Generador de exámenes con IA arma varias versiones con hoja de respuestas y solucionario, y puedes probar el simulador gratuito antes de decidir.
Lo que dicen docentes, directivos y familias
Docentes. En un estudio de la Unión de Colegios Internacionales (Uncoli) con apoyo de Stanford, citado por Infobae, el 61 % de los profesores reportó mejor concentración y el 52 % más participación tras restringir el celular. Muchos colegas me lo dicen: no quieren ser policías de pantallas, quieren enseñar.
Directivos. Camilo Camargo, rector del Colegio Los Nogales y presidente de Uncoli, sostiene que reducir el celular disminuyó las distracciones, y la secretaria de Educación de Bogotá, Julia Rubiano, habla de recuperar «espacios reales de juego, conversación y convivencia». Pero un rector rural no tiene los laboratorios de un colegio de Uncoli: una regla única no sirve igual en todas partes.
Familias. En la consulta de México, el 88,8 % de 565.396 participantes apoyó la restricción; en Buenos Aires, 5 de cada 10 estudiantes dicen querer dejar el celular y no poder. Las familias tienen razón en pedir límites, pero el Decreto 0769 también les asigna deberes, y prohibir en el colegio sin acuerdos en la casa deja la mitad del trabajo sin hacer.
Y no olvidemos las excepciones por discapacidad que prevén Bogotá, Brasil e Italia: para un estudiante con baja visión o dificultades de comunicación, el dispositivo puede ser su apoyo. Ese uso debe quedar documentado en el PIAR, y PIAR con IA ayuda a redactarlo con ajustes concretos. Lo amplío en Inclusión en el aula: el PIAR en Colombia, América Latina y el mundo.
Caja de herramientas
1. Protocolo de uso del celular en el aula (plantilla)
- Regla general: durante la jornada, el celular permanece apagado o en silencio, guardado en el parqueadero del salón o en el locker.
- Uso pedagógico: solo cuando el docente lo anuncia, con objetivo, tiempo y aplicación definidos, y preferiblemente uno por equipo.
- Señal visible: tarjeta de tres estados en el tablero (guardado, boca abajo, en uso).
- Privacidad: prohibido fotografiar o grabar a personas sin su consentimiento; ninguna actividad exige datos móviles personales.
- Evaluaciones: todos los dispositivos en el parqueadero; versiones distintas de la prueba.
- Excepciones: salud, discapacidad y ajustes razonables documentados, y emergencias familiares.
- Si se incumple: conversación; luego, guarda del equipo hasta el final de la jornada y aviso a la familia; ante ciberacoso, la ruta de la Ley 1620.
- Revisión: cada semestre, con estudiantes, docentes y familias.
2. Acuerdo familiar (plantilla)
- El celular duerme fuera del cuarto y se carga en un lugar común.
- Sin pantallas en las comidas ni durante la hora anterior a dormir.
- Las cuentas y aplicaciones nuevas se instalan juntos y se revisa su configuración de privacidad.
- Activamos la verificación en dos pasos y nadie comparte contraseñas fuera de la familia.
- Antes de compartir algo, nos preguntamos quién lo dice y si lo comprobamos.
- Si algo incomoda o asusta, se cuenta sin miedo a perder el celular.
- Una vez al mes revisamos juntos el tiempo de pantalla y ajustamos el acuerdo.
- Los adultos también cumplimos las reglas.
3. Plan de formación docente de cuatro semanas
- Semana 1 · Diagnóstico. Encuesta anónima a estudiantes sobre uso y riesgos, revisión del manual de convivencia frente al Decreto 0769 y acuerdo del equipo sobre la regla general.
- Semana 2 · Gestión del aula. Montar el parqueadero, ensayar las señales de tres estados y diseñar una actividad de «uno por equipo» con su versión sin conexión.
- Semana 3 · Ciudadanía digital. Preparar y dictar las tres lecciones de seguridad (verificar, cuidar datos, proteger cuentas) y socializar la ruta frente al ciberacoso.
- Semana 4 · Evaluación y familias. Aplicar una evaluación con versiones, compartir resultados con el área y realizar un taller con familias para firmar el acuerdo del hogar.
Conclusión
La frase que circula tiene un dato duro detrás: casi todos los niños colombianos están conectados por el celular y casi ninguno ha aprendido a protegerse. Pero la respuesta no puede ser solo guardar el problema en un casillero. La evidencia respalda restringir el uso recreativo, que mejora más el clima escolar que los aprendizajes. Falta lo más difícil: enseñar con propósito, formar a los docentes y acompañar a las familias. Prohibir es fácil de anunciar; enseñar exige tiempo, método y presupuesto.
Recursos para enseñar con propósito. El Kit de IA para docentes tiene versión de Tecnología e Informática, de transición a 11.°, por 60.000 pesos cada materia. El Generador de exámenes con IA crea versiones distintas para evaluaciones sin celular y tiene simulador gratuito. PIAR con IA te deja probar un PIAR gratis para documentar ajustes razonables. Y el generador de QR es gratuito. Ninguno reemplaza tu criterio; están hechos para que tengas más tiempo para enseñar.
Ver el Kit de IA para docentes
Para pensar
Si en el colegio guardamos el celular para que los niños aprendan a concentrarse, y en la casa se lo devolvemos sin haberles enseñado a usarlo, ¿estamos protegiendo su infancia o solo cambiando de lugar el problema? ¿Quién debería enseñarle a un adolescente a convivir con una tecnología que lo acompañará toda su vida: el colegio que se la quita durante seis horas, la familia que se la entregó o las plataformas que ganan con cada minuto de su atención?
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